Ventá a Fisterra

Triángulo de Finisterres
Luís Rei Núñez

En 1995 di a la imprenta Imán Fisterra, un libro de viajes por la Costa da Morte, entre el arenal de Carnota y el puerto de Caión. Recogía allí impresiones, semblanzas y encuentros a los que en 2002 pude sumarles una segunda incursión centrada ya sólo en el Concello de Muros. Era el escenario de los veranos de mi niñez y un encargo del alcalde de entonces, Celestino Formoso, me dio el privilegio de trabajar mancomunadamente con el fotógrafo José Caruncho en lo que dejaríamos plasmado en Muros, alma mareira.

Tiempo después, tras dar el planeta varios giros completos alrededor del sol, pude concluir en el refugio muradano que hace una centuria construyó mi bisabuelo dos novelas que no vienen al caso y, también, a un nuevo recorrido por el confín, Cita en Fisterra. Salió en 2011, con más paisajes, monumentos y personas, y fue el preludio de un nuevo y más ambicioso proyecto con Caruncho: al Finisterre gallego, donde fuimos citándonos a lo largo de los años en innumerables ocasiones, íbamos a sumarle el Finisterre de Bretaña, con base de operaciones en Douarnenez, y el de Irlanda, alternando escalas en el frente occidental de la isla.

Fui testigo así, desde primera fila de platea y mientras a mi vez iba fatigando Moleskines con apuntes literarios, del trabajo paciente y esmerado de un fotógrafo de la estirpe de los grandes clásicos. Vi expectante cómo su Hasselblad iba devorando carretes. Mas, sobre todo, asistí con permanente asombro a su manejo de las cámaras de placas (posee varias, algunas centenarias). ¿Cómo no pasmar ante aquel ritual de decidir el encuadre encapsulado bajo una manta, hasta que le tocaba emerger de nuevo a la vida y pulsar el disparador? 

Más allá de eso, ya extemporáneo en un mundo en el que todo es cada vez más instantáneo y torpe, la auténticamente paradójico es cómo al fin quedaba eternizada la verdad de la tierra, del mar y de los cielos, aparte de la de los rostros, a través de mentiras no pequeñas: ese visor que ofrece el mundo invertido (lo de arriba para abajo); en negativo (claro lo oscuro, y viceversa); y que da como resultado final, tras el positivado en el laboratorio, hermosas imágenes en blanco y negro (y de sobra sabemos que la realidad es a color, y no sólo en las primaveras).

Tales son los caminos inciertos por los que Caruncho lleva más de cuatro décadas captando la certeza absoluta. Indiferente a un tiempo que corre en sentido contrario. Como otro Sean Thornton de un Inisfree a donde tuve la fortuna de viajar con él.

Esta colección de fotos es el mejor certificado de asistencia, a un triángulo de Finisterres, de otro hombre tranquilo. Maestro infinito en su oficio. Y amigo de la humanidad.»

 Luís Rei Núñez

 

 

 

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